Crisis de la Educación y comunidad

por Roberto Patiño, jueves , 16 de enero de 2020

El vínculo con las escuelas es de gran importancia para las comunidades. Son puntos de encuentro y espacios de convivencia, y en muchos casos representan un apoyo a las familias. Allí coinciden los diversos miembros de la comunidad, y los comedores escolares representan una ayuda fundamental en medio de la crisis alimentaria que estamos padeciendo.

 

En el Movimiento Caracas Mi Convive, el reconocimiento de la importancia de los centros de educación ha sido fundamental en la realización de proyectos como Alimenta la Solidaridad, en la que muchos de los comedores se establecen en las escuelas de las comunidades en las que trabajamos. Su apoyo es indispensable no solo en los aspectos logísticos, sino también en el establecimiento de alianzas y la generación de confianza.

 

Por el contrario, el colapso y el caos que el modelo autoritario de Nicolas Maduro impone para mantenerse en el poder ataca directamente a este sector. La crisis de servicios públicos afecta a empleados docentes y alumnos. Deterioro de infraestructuras, con escuelas en estado ruinoso, que carecen de electricidad y agua, maestros y alumnos que no pueden asistir a clases por falta de transporte, y una gravísima situación hiperinflacionaria que aniquila sueldos, privando a las familias de recursos para poder enviar a sus hijos a estudiar.

 

También hay que destacar el impacto que ha tenido la emigración en el sector. La salida de profesores y maestros del país en busca de mejores condiciones de vida y trabajo ha incidido en la calidad de la educación. Tambien en la deserción y la baja matrícula que se ha registrado en las universidades e institutos pedagógicos en las carreras de Educación.

 

En materia de infraestructura cerca del 89% de las escuelas públicas no cuentan con planta física adecuada, y el 99% no tiene acceso a los servicios básicos. 22% de los estudiantes faltan a clases por no tener comida en casa, un 20% por fallas de agua, un 17% por fallas de transporte y un 15% por fallas en electricidad. Nuestros profesores tienen el salario más bajo de América Latina que a lo sumo llega a 5 dólares. Los maestros no cuentan con seguridad social.  La cobertura de salud es de 200.000 Bs. y la de funeraria 150.000 Bs.

 

El gremio de educadores, que organizadamente manifiesta por mejoras de salariales y de condiciones de trabajo, sufre la represión y hostigamiento criminal desde el Estado, a través de la acción de cuerpos de seguridad y grupos paramilitares, como se pudo ver en los terribles hechos sucedidos el 15 de enero en los alrededores de la Asamblea Nacional.

 

La tragedia de la violencia desbocada en el país está impactando también a las escuelas. El Centro Gumilla realizó un estudio focal en planteles escolares oficiales y privados, en las zonas populares de Catia y Petare, en Caracas.  68% de los profesores y 73% de los estudiantes habían presenciado situaciones de violencia dentro de su plantel. El Observatorio Venezolano de Violencia Escolar reporta que al menos el 60% de los profesores han recibido amenazas o han sido agredidos por alumnos. En la escuela se reproduce la violencia que vive el país.

 

Nuestro llamado es a visibilizar esta situación que afecta a uno de los vectores de desarrollo más importantes para cualquier nación. El golpe de la dictadura a las escuelas compromete nuestro futuro y profundiza los graves problemas de fragmentación y desigualdad, privando a grandes sectores de la población de herramientas y vías de desarrollo y evolución.

 

Con igual importancia, desde los liderazgos sociales y políticas debemos apoyar a los centros educativos, generando ya sea iniciativas en su beneficio o ligando proyectos a estos espacios. Sin un cambio político no podrán atenderse las necesidades y problemas de este sector, pero mientras continuamos nuestra lucha por superación del régimen y el inicio de una etapa de reconstrucción nacional, debemos trabajar de manera articulada con los maestros, para aliviar y ayudar a superar el terrible contexto de destrucción y sometimiento que impone la dictadura. El papel de la educación en cualquier proyecto de reconstrucción del tejido social será determinante.