Un Estado de pobreza y dependencia

por Roberto Patiño, jueves , 9 de julio de 2020

Se acaba de publicar el informe ENCOVI 2019-2020 realizado por la UCAB. Las cifras contenidas en el mismo muestran la realidad de ruina y empobrecimiento agudo que fomenta y aprovecha el régimen autoritario y dictatorial. Este informe de condiciones de vida sale a pocos días del de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU mostrándonos el cuadro completo de violaciones masivas a los DDHH y el deterioro que en lo social, económico y político han generado quienes hoy ocupan el poder.

 

Esta realidad es la que conocemos los venezolanos, viviéndola diariamente y afectados en todos los aspectos de nuestra cotidianidad. Las cifras del informe son palmarias: un tercio de la población padece inseguridad alimentaria severa y solo un 3% de los hogares venezolanos no tienen ningún tipo de inseguridad alimentaria. Solo un cuarto de la población tiene acceso diario a agua. Impacta un nivel de pobreza de 90% de la población, con más de un 40% en condiciones de pobreza extrema.

 

De igual forma, se evidencia el aumento sostenido de indicadores de desnutrición, empobrecimiento, colapso de servicios y niveles de educación que muestra la política de colapso y empobrecimiento que ha llevado el régimen para sostenerse en el poder, generando condiciones de sometimiento, control y dependencia sobre la población.

 

Lo cierto es que el país vive una realidad de colapso sistémico que solo puede revertirse desde la implementación de un plan de emergencia y un proyecto democrático y solidario de reconstrucción, inclusivo y sostenible en el tiempo. Acciones imposibles de llevarse a cabo bajo el actual régimen autoritario y violento.

 

En las comunidades esta realidad es reconocida en toda su crudeza. Como testimonian madres, líderes locales, activistas sociales y vecinos comprometidos en redes de apoyo, el estado actual de colapso y caos es solo comparable al de una guerra o una catástrofe natural, y solo puede ser abordado desde el encuentro de las fuerzas vivas de la sociedad en su conjunto. El nivel de destrucción y empobrecimiento en el que ha caído el país solo puede superarse con el esfuerzo mancomunado de todos. Sobre todo, en el marco de la pandemia de COVID-19, cuyos efectos, en nuestro caso, solo agravan a niveles agudos los graves problemas que en lo social y económico estamos sufriendo.

 

El informe ENCOVI también nos muestra el grado de desinstitucionalización que ha precipitado el régimen, en el que los entes del Estado no aportan datos ni informaciones, en una política de opacidad y censura que impide caracterizar correctamente la situación y generar estrategias y acciones reales y efectivas. De igual forma, el mismo Estado ha excluido a otros actores sociales para la generación de estrategias mancomunadas, primordiales en una situación como la nuestra, por lo que gremios académicos y productivos, así como grupos especializados, deben trabajar sin apoyo gubernamental y muchas veces con este en contra, en la solución o alivio de los problemas que estamos padeciendo.

 

Nuestra actual situación solo puede describirse como desastrosa, sin paliativos que minimicen el grave cuadro en el que nos encontramos. La necesidad de un cambio inmediato y la vinculación de todos alrededor de la solución a la emergencia y el empobrecimiento que padecemos es ya un llamado alrededor del que debe cohesionarse toda Venezuela.